
La APA plantea una reforma profunda del DSM
12 - 05 - 2026
Categorías: Información , Salud Mental , Resumen de prensa
Etiquetas: trastorno mental grave (tmg) , actualidad , gestión del conocimiento , divulgación , normativa
Autor: Jorge Marredo Rosa. Psicólogo investigador. Coordinador del área de Gestión del Conocimiento, que presta sus servicios en el Creap a través de Grupo 5 Acción y Gestión Social S.A.U.
La hoja de ruta de la APA para el futuro del DSM propone un enmienda profunda al modelo vigente desde 1980
Durante 45 años, el DSM ha sobrevivido gracias a una fórmula eficaz y limitada: describir síndromes con criterios operativos, mejorar la fiabilidad entre clínicos y dejar en segundo plano las preguntas más difíciles sobre causas, contextos y mecanismos. Ahora, la propia American Psychiatric Association (APA) reconoce que ese armazón ha quedado corto frente a la heterogeneidad clínica, la comorbilidad, la falta de validez de muchas fronteras diagnósticas y la presión de una ciencia que ya no cabe en un manual meramente descriptivo.
Las limitaciones del modelo vigente
El núcleo de los cinco artículos publicados en 2026 en The American Journal of Psychiatry es claro: el futuro DSM debería dejar de ser un catálogo rígido de casillas y pasar a funcionar como un sistema más dinámico, dimensional y contextual. El comité presidido por Maria Oquendo propone incluso revisar el nombre histórico del manual y pasar de Diagnostic and Statistical Manual a Diagnostic and Scientific Manual, un gesto simbólico que delata la magnitud de la operación intelectual en marcha.
Lo más relevante no es el cambio de rótulo, sino la arquitectura nueva que se insinúa debajo. El subcomité de estructura y dimensiones plantea una construcción diagnóstica en cuatro dominios: factores contextuales, biomarcadores y factores biológicos, diagnósticos con distintos niveles de especificidad y gravedad, y rasgos transdiagnósticos que cruzan categorías como ansiedad, cognición o apatía. En otras palabras, el modelo que durante décadas trató de decidir si un paciente “tiene” o “no tiene” un trastorno empieza a admitir que la clínica real rara vez entra limpia en compartimentos cerrados.
El cuestionamiento del enfoque categorial clásico
Ese desplazamiento golpea en el centro de la vieja tradición categorial consolidada con el DSM-III. Los propios autores admiten que muchos pacientes no presentan “la forma clásica” de un único trastorno, sino mezclas variables de problemas que cambian con el tiempo, y que los límites actuales pueden contribuir a comorbilidades artificiosas y a una falsa precisión diagnóstica. De ahí que uno de los artículos concluya, sin demasiados rodeos, que ha llegado el momento de hacer cambios significativos en el marco de trabajo del DSMvigente desde 1980 (“the time has come to make significant changes to the DSM framework that has been in place since 1980”).
La segunda ruptura afecta al viejo ideal de neutralidad “ateórica”. El documento inicial recuerda que esa prudencia histórica tuvo sentido cuando había hipótesis causales enfrentadas y poca evidencia firme, pero sostiene que hoy resulta insuficiente seguir operando como si biología, desarrollo, experiencia, cultura y entorno fuesen notas al margen en vez de componentes de la formulación clínica. Por eso el proyecto no se limita a añadir anexos: intenta reordenar la evaluación psiquiátrica para que el contexto social, la calidad de vida, el funcionamiento y los procesos biológicos dejen de estar en los sótanos del manual.
En ese punto, el texto sobre determinantes socioeconómicos, culturales y ambientales es especialmente incisivo para profesionales de salud mental y rehabilitación psicosocial. Sus autores sostienen que esas condiciones moldean el riesgo de trastorno, el acceso a cuidados y la trayectoria de recuperación, y plantean que el futuro DSM incorpore cribados estructurados, modificadores contextuales e incluso especificadores como inestabilidad residencial o exposición crónica a discriminación.
Para quienes trabajan en rehabilitación, la idea de fondo es reconocible: no basta con nombrar síntomas si el diagnóstico sigue siendo ciego a vivienda, empleo, apoyo social, comunidad y desigualdad.
El artículo sobre funcionamiento y calidad de vida empuja en la misma dirección. Sus autores recuerdan que el deterioro funcional ha sido central en psiquiatría desde el DSM-III, pero que el DSM-5 relegó herramientas como el WHODAS-2.0 a una sección periférica, con el efecto práctico de sugerir que funcionar mal no era un elemento esencial del diagnóstico. La propuesta ahora es devolver esas medidas al corazón de la evaluación, porque funcionamiento y calidad de vida no solo reflejan carga clínica, sino también riesgo de recaída, nivel de cuidados necesario y posibilidades reales de recuperación.
El frente biológico, en cambio, avanza con más ambición que certezas. El subcomité de biomarcadores reconoce que, salvo excepciones como la enfermedad de Alzheimer, la psiquiatría todavía no dispone de marcadores con sensibilidad, especificidad y reproducibilidad suficientes para el uso diagnóstico rutinario, pero defiende que el DSM debe prepararse ya para integrar biomarcadores candidatos, firmas multimodales y datos procedentes incluso de wearables y fenotipado digital. El mensaje es doble: la biología aún no ha ganado el caso, pero ya no puede seguir sentada fuera de la sala.
Conflictos de interés y crisis de confianza
Sin embargo, la promesa de un DSM más científico llega acompañada por una vieja sombra institucional. Un estudio del BMJ publicado en 2024 halló que, entre los miembros médicos estadounidenses de paneles y task force del DSM-5-TR, el 60% había recibido pagos de la industria farmacéutica entre 2016 y 2019, por un total de 14,2 millones de dólares, y que casi la mitad de esos pagos no había sido revelada en las declaraciones de conflicto de intereses examinadas por los autores. En los cinco textos de 2026, además, varios autores declaran asesorías, honorarios, acciones, financiación de investigación o vínculos con compañías como Pfizer, Janssen, Boehringer Ingelheim, BMS, Neurocrine, Otsuka o Alkermes, aunque otros autores informan no tener relaciones comerciales.
Conclusiones
Eso no invalida por sí solo la hoja de ruta. Pero sí explica por qué cualquier intento de rehacer el sistema diagnóstico tendrá que medirse no solo por su sofisticación conceptual, sino por el grado de independencia con que se construya. Si la APA quiere persuadir a clínicos escépticos en España y Europa, no le bastará con prometer un manual más científico: tendrá que demostrar que también puede ser más transparente. Porque la crisis del DSM ya no es solo una crisis de categorías; es, al mismo tiempo, una crisis de confianza.
Fuentes:
- American Psychiatric Association. (2026, January 28). APA releases roadmap for the future of the DSM.
- Cuthbert, B., Ajilore, O., Alpert, J. E., Clarke, D. E., Compton, W. M., Drexler, K., Fung, K. P., Gogtay, N., Kas, M. J. H., Kumar, A., Malaspina, D., O’Keefe, V. M., Öngür, D., Tamminga, C., Wainberg, M. L., Yonkers, K. A., Yousif, L., Abi-Dargham, A., & Oquendo, M. A. (2026). The future of DSM: Role of candidate biomarkers and biological factors. American Journal of Psychiatry, 183(5), 317–324.
- Davis, L. C., Diianni, A. T., Drumheller, S. R., & Elansary, N. N. (2024). Undisclosed financial conflicts of interest in DSM-5-TR: Cross sectional analysis. BMJ, 384, e076902.
- Drexler, K., Alpert, J. E., Benton, T. D., Fung, K. P., Gogtay, N., Malaspina, D., O’Keefe, V. A., Oquendo, M. A., Wainberg, M. L., Yonkers, K. A., Yousif, L., & Clarke, D. E. (2026). The future of DSM: Are functioning and quality of life essential elements of a complete psychiatric diagnosis? American Journal of Psychiatry. Advance online publication.
- Öngür, D., Abi-Dargham, A., Clarke, D. E., Compton, W. M., Cuthbert, B., Fung, K. P., Gogtay, N., Kas, M. J. H., Kumar, A., Malaspina, D., O’Keefe, V., Oquendo, M. A., Wainberg, M. L., Yonkers, K. A., Yousif, L., & Alpert, J. E. (2026). The future of DSM: A report from the structure and dimensions subcommittee. American Journal of Psychiatry. Advance online publication.
- Oquendo, M. A., Abi-Dargham, A., Alpert, J. E., Benton, T. D., Clarke, D. E., Compton, W. M., Drexler, K., Fung, K., Kas, M. J. H., Malaspina, D., O’Keefe, V. M., Öngür, D., Wainberg, M. L., Yonkers, K. A., Yousif, L., & Gogtay, N. (2026). Initial strategy for the future of DSM. American Journal of Psychiatry. Advance online publication.
- Wainberg, M. L., Alpert, J. E., Benton, T. D., Clarke, D. E., Drexler, K., Fung, K. P., Gogtay, N., Malaspina, D., O’Keefe, V. M., Oquendo, M. A., Yonkers, K. A., & Yousif, L. (2026). The future of DSM: A strategic vision for incorporating socioeconomic, cultural, and environmental determinants and intersectionality. American Journal of Psychiatry. Advance online publication.
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