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Los procesos subyacentes: La cognición social

25 - 09 - 2025

REHABILITACIÓN PSICOSOCIAL | CONTENIDOS ESPECIALIZADOS

Autores:

Alfonso Barrós-Loscertales. Dpto. Psicología Básica, Clínica y Psicobiología. Coordinador del Máster Universitario en Investigación en Cerebro y Conducta. Universitat Jaume I.

Carlos Rebolleda Gil. Psicólogo del Centro de Rehabilitación Psicosocial de Aranjuez y referente de investigación de la Línea de Rehabilitación Psicosocial de Hermanas Hospitalarias. Profesor del Máster Universitario en Rehabilitación Psicosocial en Salud Mental Comunitaria de la Universitat Jaume I.

Introducción

Dentro de las personas que de forma habitual se atiende en los recursos de rehabilitación psicosocial, es frecuente encontrar que una de las dificultades que presentan es la relativa a la interacción social, algo que, en ocasiones, las conduce al aislamiento y a la soledad. A su vez, una de las intervenciones que se muestra más necesaria y ha demostrado más efectividad en los diferentes meta-análisis efectuados hasta la fecha, es el entrenamiento en habilidades sociales.

El entrenamiento en habilidades sociales

Aunque hay diversas metodologías y fórmulas para trabajar las habilidades sociales, generalmente se llevan a cabo a nivel grupal, y se abordan aspectos relacionados con la asertividad, el inicio y mantenimiento de conversaciones, la gestión de situaciones sociales que pueden catalogarse como complicadas o potencialmente conflictivas, la reducción de la ansiedad social por medio de la exposición, la mejora del autoconcepto, etc… todas técnicas destinadas a que la persona que participe en el programa adquiera habilidades, las ponga en práctica y, por medio de la experiencia, pueda percibirse cada vez más competente y capaz en este área tan relevante para el ser humano. Esto, a su vez, puede propiciar una reducción del aislamiento y ayudar a la persona a construir una red de apoyo. Es muy habitual que dentro de los programas que se ofrecen desde los dispositivos de rehabilitación psicosocial, se propongan diversas intervenciones y actividades que tengan por objetivo  el entrenamiento en habilidades sociales y la subsiguiente generalización de estas competencias al entorno de la persona.

Si bien, también es relativamente frecuente que, tras el riguroso trabajo, los profesionales hagan valoraciones del tipo «la verdad es que esta persona, por lo que hemos visto en los programas, cuenta con las habilidades necesarias para relacionarse con sus compañeros o las personas de su entorno, pero luego no lo hace, no generaliza, y sigue sin relacionarse con nadie e igual de aislado».….es cierto que en esta situación tan frecuente pueden encontrase infinidad de variables que influyen o median para que el resultado sea este…..por ejemplo, el autoconcepto, el estigma internalizado, la ansiedad social, la falta de oportunidades reales o la sintomatología propia del trastorno, entre muchas otras, pueden tener que ver. Pero hay otra variable que conviene no perder de vista en estos casos, y no es otra que la denominada «cognición social».

La cognición social: una brújula en las interacciones sociales

Por hacer una definición sencilla y accesible de este complejo constructo, podríamos decir que la «cognición social» es esa brújula que nos guía en las situaciones sociales y que, de estar afectada o alterada, en muchas ocasiones lleva a la persona a perderse durante las mismas. Aparte de la importancia de emplear un estilo de comunicación asertivo y conocer fórmulas para iniciar conversaciones o gestionar situaciones comprometedoras o complicadas, en las interacciones sociales también hay otros muchos componentes que, quizás, no sean tan evidentes, pero que influyen de forma importante.

Por ejemplo, la capacidad para reconocer y gestionar nuestras propias emociones o intuir de una forma más o menos certera que puede estar sintiendo a este nivel la persona que hay enfrente, constructo al que se denomina «procesamiento emocional», también es un aspecto clave en las situaciones sociales. Pero junto a este, también hay otros como, por ejemplo, la «teoría de la mente», que es la capacidad de intuir lo que la otra persona puede estar pensando en una determinada situación, la «percepción/conocimiento social» que tiene que ver con el conocimiento que tenemos sobre lo que es adecuado y habitual en una situación social, o el denominado «estilo atribucional», que es la capacidad para hacer una adecuada valoración de los eventos positivos o negativos que ocurren en nuestra vida. Imaginemos, por tanto, una persona que conoce y maneja de forma más o menos adecuada todas aquellas estrategias comunicacionales que, en teoría, le habrían de permitir desenvolverse en las situaciones sociales, pero que, sin embargo, tiene dificultades para identificar y gestionar las emociones propias, intuir lo que los otros pueden estar pensando o sintiendo, saber que es lo adecuado o habitual en una determinada situación social, o tiende a atribuir de forma incorrecta los eventos que le suceden…., en este caso, encontramos a una persona bien entrenada para la interacción social, pero perdida durante las mismas, lo que quizás suponga que siga evitándolas y aislándose.

Los estudios demuestran de una forma clara e inequívoca, que un importante porcentaje de personas con trastornos del espectro de la psicosis, trastorno bipolar y trastornos de personalidad, entre otros, presentan problemas en cognición social y en sus componentes. No obstante, a día de hoy existen diferentes pruebas traducidas y validadas en población española que sirven para valorar estos constructos, así como, programas específicos destinados a que las personas con dificultades a este respecto, puedan trabajar y mejorar estas capacidades tan importantes para el correcto funcionamiento social.

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