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Experiencias adversas en la infancia y el diagnóstico de trastorno mental grave

04 - 03 - 2025

Sheila Peinado Espí es psicóloga especializada en migraciones y estudiante del Máster en Psicología General Sanitaria en la Universitat de València. Hasta el momento, ha compaginado su formación realizando prácticas en el Creap y trabajando en un centro especializado en salud mental. Su enfoque profesional integra la práctica clínica, la intervención social y la investigación, áreas que considera esenciales para ofrecer un acompañamiento integral y personalizado a cada persona en su proceso terapéutico.

Experiencias adversas en la infancia y el diagnóstico de TMG

Las experiencias adversas durante la infancia son sumamente importantes para tener en cuenta, ya que se ha demostrado que tiene repercusiones directas en la edad adulta (Maza, 2024). Por tanto, la violencia asume un papel relevante en el desarrollo de un TMG, siendo un factor de riesgo que aumenta las probabilidades de sufrir cualquier dolencia relacionada con la salud mental. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las afecciones en salud mental están influidas por diversos factores biológicos, químicos, sociales y psicológicos, por lo que las experiencias adversas y la violencia, ejercen su influencia directamente en los factores de riesgo. En base a esto, cualquier tipo de experiencia adversa sufrida durante la infancia, se va a manifestar en la adultez de forma muy diversa como autolisis, depresión, consumo de sustancias, etc. (Maza, 2024).

Sufrir experiencias traumáticas durante la infancia, siendo víctimas de violencia física, psicológica o sexual, o incluso ser testigos de violencia en la infancia, incrementa el riesgo de desarrollar TMG (Bartolomé et al., 2023). De hecho, estos mismos autores indican que cualquier tipo de violencia en la infancia, se ha relacionado con un diagnóstico temprano de esquizofrenia y mayores ingresos hospitalarios.

En esta línea, la violencia cobra un papel relevante en el desarrollo y transcurso de la salud mental. Además, el estigma social que se crea cuando la sociedad conoce que alguien tiene una etiqueta en salud mental, convierte a la persona en vulnerable y fácilmente atacable. Es decir, la sociedad victimiza en exceso a una persona con TMG, basándose solamente en la etiqueta y no viendo más allá.

¿Qué es la victimización?

La victimización tiene una connotación legal, ya que ocurre tras ser víctima de un delito o un hecho traumático y hace referencia al tiempo que trascurre hasta que se incorpora como una vivencia más de la persona. Durante ese tiempo, se incluyen diversos factores sociales, psicológicos, económicos, etc. que influyen en el trascurso normal de la vida diaria de una persona y pueden causar malestar significativo.

En este sentido, el momento en el que diagnostican el trastorno a una persona, comienza un proceso de adaptación y cambio en la vida diaria de esa persona. Este proceso puede llevar consigo una victimización de la sociedad y de la familia que rodean a la persona. Es en esta mirada de la sociedad, cuando puede volver a aparecer la violencia, convirtiendo a la persona en vulnerable.

Al convertir en víctima a una persona que está diagnosticada con un trastorno mental, hace que la sociedad piense que tiene menos capacidades y habilidades, y por tanto ser diana de cualquier tipo de agresión. Es interesante destacar los numerosos estudios en este aspecto dirigidos a un género específico, las mujeres, que sufren la violencia antes del diagnóstico y durante, debido a grandes desigualdades en otros aspectos de la vida en general (Lamelaset al., 2022), algo que la evidencia científica remarca de forma significativa.

Conclusión

La evidencia científica seguirá estudiando la relación existente entre todos los factores de riesgo y la salud mental, hasta clarificar la posible correlación existente y cómo prevenirla. Con respecto a las personas que ya les han diagnosticado de TMG, las mujeres presentan 13 veces más de probabilidades de sufrir victimización sexual a lo largo de sus vidas (Bartolomé et al., 2023). En este sentido, el género sumado al estigma social asociado a la etiqueta de TMG, hace que las mujeres sean más vulnerables a sufrir cualquier tipo de violencia antes, durante y tras el diagnóstico. La violencia, en cualquiera de sus formas, durante la infancia y adolescencia, aumenta la probabilidad de sufrir ansiedad y depresión, y así lo validan diversos estudios científicos recientes (Ocampo et al., 2021). En resumen, la prevención de la violencia cumple un papel primordial en el cuidado de la salud mental. Existe gran ausencia de información sobre la violencia o experiencias adversas, debido a que los estudios no se centran en los trastornos en general, sino que se centran en grupos concretos. Esto hace que sea difícil crear políticas que realmente protejan y cubran las necesidades de las personas con TMG.

Referencias bibliográficas

  • Bartolomé-Valenzuela, M., Pereda, N., y Guilera, G. (2023). Prevalencia de experiencias adversas y victimización en personas adultas con trastorno mental grave en Barcelona. Gaceta Sanitaria, 37, 102314.
  • Maza Jiménez, K. (2024). Exposición a las experiencias adversas en la infancia y su relación con los trastornos mentales en la adultez.
  • Lamelas, V. S., Maurel, B. L.,Peñaranda, M., de la Torre, L., Gresle, A. S., y Pinazo, M. J. (2022). Derechos sexuales y reproductivos en mujeres con diagnóstico de trastorno mental grave: argumentos y consensos de profesionales en salud mental comunitaria. Anuario de Psicología/The UB Journal of Psychology, 52(1).
  • Ocampo, D. B., Palos, P. A., y González, A. G. (2021). Depresión y ansiedad en hombres y mujeres por tipo y nivel de violencia que han recibido de su pareja. Universitas Psychologica, 20, 1-14.

Friday, 07 March 2025 09:48

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