Resumen Artículo: Poder, estigma y coerción. Escenarios para una práctica no autoritaria en salud mental por Vanessa Sora ( Área de Integración Social).

Resumen realizado por Vanessa Sora. Área de Integración Social del Creap.

 

Título:

 

Poder, estigma y coerción. Escenarios para una practica no autoritaria en salud mental.

 

 

Resumen:

 

La Asociación Española de Neuropsiquiatría- Profesionales de Salud Mental, asociación multiprofesional, trabaja desde la defensa de los derechos de las personas con enfermedad mental (el compromiso con la sociedad, la defensa de un modelo de atención público, el impulso de la formación de los profesionales, la investigación, etc.).

 

En el año 2016 en España se firma el “Manifiesto de Cartagena por unos servicios de salud mental respetuosos con los derechos humanos y libres de coerción” como punto de partida de un sistema que tendría como objetivo la supresión de estas prácticas y la reparación de las personas que las han padecido.

 

El artículo comienza exponiendo qué es la coerción como parte de otros aspectos en la práctica de la salud mental y como a la hora de su práctica entran en conflicto evidencia y ética. Se plantea  como legislaciones que buscan impedir formas de coerción pueden quedar anuladas o reducidas por la influencia de algunos aspectos del contexto como las estructuras sociales, las actitudes, la ideología y la desigual distribución de poder.

 

También se valora la posibilidad de que este tipo de medidas “ayuden”, aunque solo se plantean dos posibles intervenciones en las que serían justificables las practicas coercitivas: como método de aplicación de tratamientos beneficiosos para evitar recaídas y rehospitalizaciones, y como método de control de la agitación y violencia.

 

Como conclusión se evidencia la necesidad de un cambio en el desarrollo de prácticas coercitivas, no solo en la práctica asistencial sino también en la vida social y cultural y los contextos actitudinales que les sirven de base (estigma, exclusión y poder interpersonal).

 

 

Objetivos:

 

Exponer la coerción no solo como un proceso individual sino como parte de un proceso político, social y cultural que es necesario que evolucione continuamente.

 

Reflexionar sobre el conflicto que surge entre la ética y la evidencia a la hora de las prácticas coercitivas en intervenciones con personas con trastorno mental.

 

 

Aspectos relevantes del marco teórico:

 

El artículo hace referencia al uso de técnicas y teorías empíricas a través de evidencias que presentan pruebas de calidad, recogidas siempre sobre motivos justificables, y que demuestren los resultados.

Una vez expuestas las conclusiones los autores hacen recopilación y análisis para crear su criterio personal.

El artículo se enmarca especialmente en la evolución, actuación y consecuencias de la coerción:

 

La coerción se define como la “presión ejercida sobre alguien para forzar su voluntad o su conducta”. Aquellos que tienen poder usan la coerción como una estrategia de control social para actuar sobre aquellos que no lo tienen, por ello a los psiquiatras se les ha calificado como “policías de la mente”.

Existen prácticas coercitivas más visibles (los ingresos involuntarios, la reclusión en una habitación de aislamiento, la sujeción mecánica, el uso forzado de medicación o la utilización de dosis por encima de los valores recomendados) y otras más sutiles (los premios y los castigos para conseguir comportamientos deseados, el uso de órdenes, las presiones y amenazas, etc.) que son habituales en el día a día.

Cuando se examinan estas prácticas son controvertidas, defendidas desde el punto de vista de la evidencia como herramientas terapéuticas necesarias y denunciadas desde el punto de vista  ético. Aunque la evidencia sobre las prácticas coercitivas es muy escasa, la existente ha ayudado a limitar algunas de ellas.

 

Podemos plantear los contextos de la coerción en salud mental en dos niveles que se influyen mutuamente: un nivel micro (lo que sucede en los recursos asistenciales) y otro macro (político, social y cultural).

En relación con el nivel macro, la coerción es parte de un conjunto de estrategias de control asociadas con el estigma, la discriminación y la exclusión de las personas con enfermedad mental que validan el uso de las prácticas coercitivas justificando “motivos de prevención”.

 

 

Metodología:

 

La metodología en la que se basa el artículo es la investigación basada en la evidencia a través de la observación y de registros (estudios, ensayos, etc.) de diversas experiencias o conductas coercitivas que se han dado y de las respuestas de estas en cada persona.

Esta práctica supone integrar la experiencia de los profesionales con las evidencias obtenidas de la investigación sistemática. Una vez obtenidas esas respuestas se han analizado y extraido conclusiones personales sobre la eficacia o no en determinados casos de medidas coercitivas en intervenciones de salud mental.

La escasez de evidencias sobre las prácticas coercitivas dificulta la valoración personal, aunque las existentes han ayudado a limitar algunas medidas como el tratamiento ambulatorio involuntario (TAI) o la reforma Gallardón del Código Penal. Haber podido frenar estas medidas demuestra la oposición pública a prácticas antiéticas que vulneren los derechos de las personas con enfermedad mental.

 

 

Principales conclusiones:

 

Cuando se examinan las prácticas coercitivas son controvertidas, defendidas desde el punto de vista de la evidencia como herramientas terapéuticas necesarias y denunciadas desde el punto de vista ético. Aunque la ética debería tener prioridad, la ética y el control social son difíciles de combinar en la práctica.

 

La coerción forma parte de estrategias de control asociadas con el estigma, la discriminación y la exclusión de las personas con enfermedad mental que justifican el uso de las prácticas coercitivas como “medidas de prevención”. Del mismo modo estas prácticas coercitivas refuerzan el estigma, el autoestigma, la discriminación y la exclusión creando un “círculo vicioso”.

 

Además, estas estrategias de control y poder interpersonal además de justificar las prácticas coercitivas ocultan las dificultades sociales y vitales de origen de las personas interfiriendo en el tratamiento de los problemas de salud mental.

 

La evidencia sobre las prácticas coercitivas es muy escasa pero útil ya que la existente ha ayudado a limitar algunas de ellas. La falta de evidencias y los graves efectos adversos del aislamiento y la sujeción mecánica muestran la falta de efectividad de los tratamientos médicos forzosos y demuestran que la coerción destruye la relación terapéutica generando sufrimiento psíquico traumático.

 

Se debe partir de cambios en los contextos actitudinales de base (estigma, exclusión, poder interpersonal) para disminuir las prácticas coercitivas y desincentivar su uso en algunos casos.

Este cambio deberá incluir la reparación, la participación y el control  por parte de las personas afectadas, la mejora de los dispositivos de atención alternativos en crisis, la potenciación de la atención domiciliaria y comunitaria fuera de los recursos sociales y sanitarios, la formación psicoterapéutica de los profesionales, etc.

 

En el caso de prácticas vinculadas a actitudes de control y dominio no justificables éticamente es fundamental denunciarlas.

 

Bibliografía (enlace artículo original):

 

Bevía, B., Girón, M. (2017) Poder, estigma y coerción. Escenarios para una práctica no autoritaria en salud mental. Rev. Asoc. Esp. Neuropsiq. 2017; 37(132): 321-329 ; DOI: 10.4321/S0211-57352017000200001  

 

 

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