Resumen Artículo: «El desafío de la inclusión en salud mental: análisis de un centro comunitario y su trabajo sobre los vínculos sociales» por Ana Gómez (Área de Educación Social del Creap)

 

Resumen por Ana Gómez. Área de Educación Social del Creap.

 

 

Título 

 

El desafío de la inclusión en salud mental: análisis de un centro comunitario y su trabajo sobre los vínculos sociales.

 

 

Resumen

 

Transformar la atención en salud mental supone tomar como punto de referencia la inclusión social, teniendo en cuenta la importancia de los beneficios que suponen para las personas con TMG  la vida comunitaria.

 

Con el objetivo de analizar tales beneficios  en la salud mental  para este colectivo, se entrevistó a 45 usuarios de un centro comunitario vinculado a un programa externo de un hospital psiquiátrico a partir de las interacciones cuotidianas entre los pacientes y los asistentes al centro comunitario. Se obtuvo resultados positivos de dicha convivencia entre los que destacan:

  • El establecimiento de vínculos ligados al apoyo informal
  • El cambio positivo en las ideas respecto a las personas con TMG.

 

 

Objetivos

 

Analizar de forma objetiva los beneficios  de  la inclusión social de personas con TMG a través del  modelo de recuperación comunitario y demostrar como este  favorece la inclusión y mejora la percepción del colectivo reduciendo el estigma social.

 

 

Aspectos relevantes del marco teórico

Las relaciones sociales son uno de los principales aspectos de la vida de las personas que se ven afectados por la presencia de un trastorno mental severo. Durante años las instituciones ligadas al tratamiento de personas con TMG, principalmente los hospitales psiquiátricos, contribuyeron durante mucho tiempo al empobrecimiento de las relaciones de las personas usuarias.

 

Es por ello que los movimientos de reforma en salud mental han intentado reducir esta situación orientándose hacia un enfoque de inclusión y de intervención de lo comunitario relacional de las personas atendidas, al producirse aislamiento en los espacios cotidianos de socialización.

 

En el campo de la salud mental, el cambio de orientación hacia la inclusión social ha encontrado como obstáculo por las dificultades de los servicios y de los trabajadores, para intervenir en categorías relacionales. Incluso, dentro de los servicios denominados comunitarios, una característica frecuente es centrarse en los «pacientes», y enfocar su mirada en uno de los componentes de intervención que por definición debería ser relacional.

 

Dentro del ámbito de la producción de conocimientos, algo que también sucede es que los indicadores y las formas de pensar instituidas tienden a concentrarse en lo individual, es decir, en «el paciente». Ello resulta particularmente problemático para los servicios de carácter comunitario, los cuales son los que tienen más dificultades para dar cuenta de su quehacer, dado que sus acciones tienden a incluir, de diversas maneras, a otros actores más allá de los «pacientes».

 

A partir de lo anterior, desde hace ocho años se viene desarrollando una línea de investigación acerca de la evaluación de servicios comunitarios de salud mental. En este trabajo se presentan los resultados de un estudio realizado entre 2011 y 2014 en el marco de esta línea de investigación, en el cual se indagó sobre las transformaciones en las actitudes de la comunidad en la cual pasaban a vivir personas que habían estado internadas de forma prolongada en un hospital psiquiátrico. El estudio tuvo dos etapas: en la primera, se centró en los vecinos de las casas de convivencia en las cuales vivían personas usuarias de un programa de externación y, en la segunda, se analizó en profundidad el centro comunitario de dicho programa, al cual asisten tanto personas externadas como otros miembros de la comunidad.

 

 

Metodología

 

La metodología utilizada en este artículo,  se basa en un enfoque mixto, en el que  se produjeron y analizaron datos cuantitativos y cualitativos a fin de lograr un mayor entendimiento del fenómeno investigado.

 

Al inicio de la investigación el centro comunitario funcionaba con 18 talleres. Para la selección de los talleres se aplicaron los siguientes criterios de inclusión: talleres en los que la asistencia fuese estable, fuese dirigida a adultos y que los talleres fuesen del propio centro.

 

De este modo, la muestra quedó compuesta por 9 talleres, que contaban con 153 asistentes. Durante la primera semana de agosto de 2013, se realizaron entrevistas estructuradas para lo cual se convocó a 45 personas asistentes al centro y todas aceptaron participar de la investigación.

 

Las entrevistas se realizaban al inicio de cada taller, de forma individual, a las primeras cinco personas que llegaran y que hubiesen concurrido a ese taller durante más de un mes. La duración de las entrevistas fue en promedio de 20 minutos y el registro se realizó a través de notas tomadas por el entrevistador, que luego fueron transcritas.

 

 

 

Principales conclusiones

 

Para obtener resultados y conclusiones de analizaron 3 indicadores: datos sociodemográficos, vínculos generados en el centro comunitario y las percepciones y relaciones con TMG.

 

Los datos en los cuales se fundamenta esta hipótesis son que el 80% de estas personas eran solteras, viudas o divorciadas y que, aunque un 80% vivía con su familia, solo un 7% lo hacía con su familia nuclear. También, que solo un 33% eran trabajadoras en ejercicio.

 

Las principales fuentes de vinculación social, el trabajo y la familia, podrían estar disminuidos entre quienes asisten al centro. Como se ha señalado en diversos estudios, el apoyo social es una fuente fundamental de bienestar para las personas, y su ausencia se correlaciona con diversas causas de morbilidad y mortalidad. Por ejemplo, la carencia de una pareja se correlaciona con estrés, depresión y baja satisfacción con la vida, y el desempleo y el empleo informal se correlacionan con ansiedad y depresión.

 

Resulta interesante hacer una lectura de género de los datos: los hombres que asisten al centro están menos vinculados al trabajo que las mujeres, pese a que el porcentaje es bajo en ambos casos; y las pocas personas que vivían con su familia nuclear eran en su totalidad mujeres.

 

Por otro lado, alrededor de un 25% de las personas entrevistadas dijeron que el motivo para empezar a asistir al centro fue la búsqueda de alguna ayuda frente a malestares ligados a la soledad y al aislamiento, que no pueden ser reducidos o catalogados como una «enfermedad».

 

En este sentido, podría señalarse que un servicio como el centro comunitario, al fomentar el establecimiento de lazos sociales, ayuda a que las personas salgan del encierro y la soledad; problema que, con sus diferencias, comparten tanto las personas con TMG  como aquellas que, sin haberlo estado y sin requerir de un «tratamiento» psicológico o psiquiátrico, también lo padecen. Es de destacar, como señala Grandesso, que al contar con el soporte y el apoyo de un grupo, las personas tienden a padecer menos frente a distintas situaciones de la vida cotidiana

 

Las  características de tal tipo de apoyo, a diferencia del apoyo formal, es la reciprocidad. Al respecto se ha señalado que, para las personas y su bienestar, es tan importante recibir apoyo, como darlo y que, en el caso específico de las personas con trastorno mental severo, una capacidad que les es escasamente reconocida es la de poder ayudar a otros. En este sentido, los resultados indicarían que un aspecto que se observa en personas que se relacionan con sujetos con TMG, en el contexto del centro, es la noción de reciprocidad en los vínculos, y la idea de que tales personas pueden ser tanto objeto de apoyo como fuente del mismo, en particular, de funciones ligadas a la compañía social y el apoyo emocional.

 

Los entrevistados consideran a las personas con «enfermedad mental» como sujetos de los que también pueden recibir cosas puede ser visto como un avance en la desarticulación del estigma de la peligrosidad que pesó históricamente sobre el entendimiento de la «enfermedad mental».

 

También los resultados sugieren que, a partir de la interacción con personas con «enfermedad mental», se produce un cambio positivo en las percepciones de los asistentes acerca de estas.

 

Existen investigaciones que muestran que el contacto directo con personas con «enfermedad mental» es una de las mejores formas de neutralizar la presencia del estigma y la discriminación de la sociedad hacia ellas.

 

En este sentido, este cambio de perspectiva permitiría a los trabajadores del ámbito de la salud mental considerar que el objetivo es de desarrollar grupos y comunidades humanas más diversas, y no solamente de «integrar» a los diferentes sino de hacerles formar parte de la comunidad como un actor más.

 

 

Bibliografía y/o antecedentes documentados

 

Ardila-Gómez, S., Hartfiel, M. I., Fernández, M. A., Ares Lavalle, G., Borelli, M., & Stolkiner, A. (2016). El desafío de la inclusión en salud mental: análisis de un centro comunitario y su trabajo sobre los vínculos sociales. Salud colectiva12, 265-278.

 

 

 

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